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Hogar


 


Siempre sentí absoluta admiración por los caracoles, no sé si a vosotras, a vosotros os contarían de peques sobre la fortuna de estos moluscos por llevar su hogar siempre con ellos.


La palabra hogar etimológicamente viene de aquellos fuegos, aquellas llamas sagradas que siempre estaban encendidas y que servían como punto de encuentro, lugar de recogimiento, espacio en el que sentir el “calor”.


Dicen que está escrito en las estrellas cuáles son nuestras necesidades primarias o más básicas. A mi me han dicho siempre que, según las estrellas, es muy importante el hogar. Me pregunto cómo las estrellas pueden no considerarlo importante para todo el mundo.


Ayer, sentada al aire libre compartiendo alrededor de un fuego recordaba la primera vez que me sentí en casa, que tuve esa sensación profunda de hogar.


Han pasado muchas cosas desde entonces, he vivido muchas experiencias que han hecho que me acerque más y más a ese fuego, a esa llama sagrada siempre viva.


Ese lugar que puede estar más o menos ordenado, que puede parecer más o menos oscuro, pero que si no le juzgo, siempre es un sitio seguro para el recogimiento y el pozo infinito de la sabiduría.


Ese lugar está dentro de mi y mi cuerpo es el espacio que mi espíritu eligió para acomodarse y habitar.


Para descubrir las maravillas de ese lugar, he necesitado mirarlo y observarlo, deshacerme de las muchas creencias aprendidas e ideas preconcebidas que tenia sobre él.


He necesitado sentir.


He necesitado darme cuenta que la realidad vive un paso más allá de donde suelo poner mi mirada, que mi mente miente más de lo que habla y que la palabra tiene un sentido mucho más profundo del que yo le he estado dando.


Al final, la fortuna del caracol sería también la mía y he pasado años sin saberlo.



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